A continuación se va a presentar información teórica abreviada sobre los dos trastornos del habla más comunes: dislalia y disfemia. Pero antes de eso, no olvidemos de nuevo repasar la clasificación de los diferentes trastornos del desarrollo del lenguaje, habla y voz que se van a tratar e el blog, para así podernos situar en este apartado centrado en el habla.
Ahora sí, pasemos a la explicación teórica de los dos grandes trastornos del habla: la dislalia y la disfemia.
A pesar de que todos los autores que la definen coinciden en que la dislalia es una alteración en la articulación de los fonemas, algunos de ellos estipulan una clasificación diferente.
Ahora sí, pasemos a la explicación teórica de los dos grandes trastornos del habla: la dislalia y la disfemia.
- DISLALIA
A pesar de que todos los autores que la definen coinciden en que la dislalia es una alteración en la articulación de los fonemas, algunos de ellos estipulan una clasificación diferente.
Bruno y Sánchez (1988), clasifican la dislalia en función de la naturaleza del problema articulatorio, distinguiendo así entre dislalias fonológicas y fonéticas. Las dislalias fonológicas las define como “dificultades encontradas en los procesos de percepción auditiva y madurez audiológica, afectando a los mecanismos de conceptualización de los sonidos y a las relaciones entre los significantes y los significados”. Además, dentro de este tipo de dislalias identifica diferentes grados de severidad, diferenciando entre aquellas que afectan a fonemas concretos (dislalias leves o aisladas) y aquellas que afectan a grupos enteros de fonemas (dislalias generalizadas o afines). Por el contrario, las dislalias fonéticas se dan por alteraciones en las praxias bucofonatorias y hábitos de articulación.
Otra de las clasificaciones propuestas es la de Pascual (1988), en la que se distingue entre dislalia evolutiva, audiógena, orgánica, y funcional. Este autor entiende por dislalia evolutiva o fisiológica aquella alteración en la articulación de los fonemas debido a una falta de madurez cerebral y del aparato del aparato fonoarticulatorio, lo cual según afirma, no debe ser intervenido antes de los cuatro años, puesto que es normal que en el desarrollo del lenguaje y habla hay una fase en la que el niño no articula correctamente ciertos fonemas o grupo de estos. Este autor incluye la dislalia audiógena, siendo la deficiencia auditiva la causante de la mala articulación de los fonemas por parte del niño. Dentro de la dislalia orgánicas, que son aquellas alteraciones de la articulación causada por una disfunción orgánica, diferencia entre disartrias (cuando están afectados los centros neuronales cerebrales, SNC) y disglosias (malformaciones en los órganos del habla). Por último, alude a la dislalia funcional como aquella alteración producida por un mal uso de los órganos articulatorios.
Según Gallardo y Gallego (1995), entre los sujetos con dislalia destacan los siguientes errores más comunes: sustituciones, distorsiones, omisiones y adiciones.
Tal y como afirman estos autores, en las sustituciones, que son los errores más frecuentes, el niño articula un fonema en lugar de otro. Lo que hace el niño es sustituir aquel fonema que no puede producir por otro que le resulta más fácil en el caso de que esa sea la causa de la sustitución. También puede darse un error en la percepción auditiva, en la que el sujeto no discrimina entre diferentes fonemas. Se trata de un hábito articulatorio erróneo el cual será complejo a la hora de corregir y que, además, puede darse en cualquier posición dentro de la palabra.
En el siguiente error, las distorsiones, el niño produce un sonido erróneo, similar al fonema correcto. Se da por una posición errónea de los órganos articulatorios, falta de control del soplo, falta de vibración de las cuerdas, etc. Por otro lado, en la omisión, el niño omite los fonemas que no sabe pronunciar.
- DISFEMIA
Como apuntan Gallego, Caparrós y Melguizo (1999), la disfemia es una etiqueta de diagnóstico que engloba multitud de manifestaciones, tanto lingüísticas como no lingüísticas. Además, explican que la mayoría de las investigaciones descartan la existencia de un único factor responsable y, por tanto, apuntan a una etiología multifactorial.
En cuanto a la etiología, como hemos dicho anteriormente es multifactorial, ya que no existe un único factor responsable y desencadenante del trastorno (Gallardo y Gallego, 2003). Gallego et al. (1999), señalan como principales desencadenantes de la tartamudez: la herencia, la zurdería, déficits lingüísticos, dificultades de tipo psicológico, factores ambientales y predisposición personal.
Por otro lado, Gallardo y Gallego (2003) señalan como causas desencadenantes: la herencia, el sexo, trastornos de lateralización, neurológicos y en la estructuración temporoespacial y alteraciones lingüísticas. Como podemos observar, no todos coinciden en su totalidad a la hora de establecer los factores desencadenantes, pero si existe consenso en establecer que el origen es multifactorial.
Gallardo y Gallego (2003), definen a la disfemia o tartamudez como un “trastorno en la fluidez del habla, caracterizado por repeticiones o bloqueos espasmódicos que afectan al ritmo del lenguaje y a la melodía del discurso”. Gallego et al. (1999), explican que se trata de una “disfluencia en la emisión del habla y de la comunicación caracterizada por una serie de bloqueos, repeticiones o prolongaciones de sonidos, sílabas o palabras, durante la emisión del discurso”.
Por último, el DSM-5, define la tartamudez como “alteraciones de la fluidez y organización temporal normales del habla que son inadecuadas para la edad del individuo y las habilidades de lenguaje”, además matizan que “persisten con el tiempo y se caracterizan por la aparición frecuente y notable de uno o más de los siguientes factores”: a) repetición de sonidos y sílabas, b) prolongación de sonido de consonantes y de vocales, c) palabras fragmentadas, d) bloqueo audible o silencioso, e) circunloquios, f) palabras producidas con un exceso de tensión física y g) repetición de palabras completas monosilábicas.
En cuanto a los tipos de disfemia, existen diferentes clasificaciones según el origen, los síntomas o la aparición del trastorno. En el primer caso, Gallego et al. (1999), diferencian la tartamudez de tipo psicológico, neurológico o lingüístico. En cuanto a los síntomas podemos establecer tres tipos: disfemia clónica (repetición convulsiva), disfemia tónica (interrupción total y salida repentina) o mixta (Gallego et al. 1999 y Gallardo y Gallego, 2003). Los autores mencionados anteriormente, también coinciden en establecer una clasificación según el momento en el que aparezca o se dé el tartamudeo: inicial o primario, en niños que aún no han adquirido totalmente el lenguaje; episódico o esporádico, se dan en momentos concretos y desaparecen; y el tartamudeo crónico o propiamente dicho, que se da una vez adquirido el lenguaje y de forma permanente.
Para una buena intervención, es necesario detectar las manifestaciones o síntomas del trastorno que afectan a cada individuo en particular. En este caso, Gallardo y Gallego (2003), hacen una diferenciación entre manifestaciones lingüísticas, conductuales y corporales y respiratorias. Además, agrupan las características en siete grupos, ya que hay gran variabilidad dentro del mismo trastorno: a) cantidad anormal de repeticiones, b) obstrucciones del flujo del aire, c) prolongaciones anormales de segmentos de sonidos, d) introducción en los momentos de dificultad de sonidos o palabras, e) acentuación extraña en las palabras y entonación y tempo anormales, f) las palabras se dejan sin terminar y g) evitación de ciertos sonidos. Este grupo de características, nos van a permitir conocer en mayor medida las características del individuo y, por tanto, realizar una intervención más individualizada y adaptada a sus características.
La información detallada ha sido extraída de los siguientes manuales, que puede serviros para consulta:
Dislalia
Bruno, C. y Sánchez, M. (1988a). Dislalias. En J. Peña. Manual de Logopedia. (pp. 133-148). Barcelona: Masson
Gallardo, J.R. y Gallego, J.L. (2003). Manual de logopedia escolar: un enfoque práctico. Málaga: Aljibe.
Pascual, P. (1995). Tratamientos de los defectos de articulación en el lenguaje del niño. Madrid: Escuela Española.
Disfemia
Gallardo, J.R. y Gallego, J.L. (2003). Manual de logopedia escolar: un enfoque práctico. Málaga: Aljibe.
Gallego, J.L., Caparrós, P. y Melguizo, M.C. (1999). Disfemias. En J.L. Gallego (Coord.), Calidad en la intervención logopédica: estudio de casos (pp. 105-133). Málaga: Aljibe.
¿Quieres saber más sobre los trastornos del habla, su detección, diagnóstico y tratamiento? No te pierdas nuestra lista de entradas que hay a continuación (pincha sobre el enlace para acceder a ellas):
MI HIJO TIENE DISLALIA. ORIENTACIONES PRÁCTICAS PARA PADRES
DEGLUCIÓN ATÍPICA
PRAXIAS
La información detallada ha sido extraída de los siguientes manuales, que puede serviros para consulta:
Dislalia
Bruno, C. y Sánchez, M. (1988a). Dislalias. En J. Peña. Manual de Logopedia. (pp. 133-148). Barcelona: Masson
Gallardo, J.R. y Gallego, J.L. (2003). Manual de logopedia escolar: un enfoque práctico. Málaga: Aljibe.
Pascual, P. (1995). Tratamientos de los defectos de articulación en el lenguaje del niño. Madrid: Escuela Española.
Disfemia
Gallardo, J.R. y Gallego, J.L. (2003). Manual de logopedia escolar: un enfoque práctico. Málaga: Aljibe.
Gallego, J.L., Caparrós, P. y Melguizo, M.C. (1999). Disfemias. En J.L. Gallego (Coord.), Calidad en la intervención logopédica: estudio de casos (pp. 105-133). Málaga: Aljibe.
¿Quieres saber más sobre los trastornos del habla, su detección, diagnóstico y tratamiento? No te pierdas nuestra lista de entradas que hay a continuación (pincha sobre el enlace para acceder a ellas):
MI HIJO TIENE DISLALIA. ORIENTACIONES PRÁCTICAS PARA PADRES
DEGLUCIÓN ATÍPICA
PRAXIAS

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